Ni frio en las manos tan siquiera tenía A, aunque el invierno no tenía la prisa de otros años en desnudar a los árboles, de vez en cuando ya se veian las primeras humedades en la umbria cerca de las paredes de su portal presentía mas el invierno en las estanterias del supermercado que en su propia carne.
Aburrido como de costumbre a sus 12 años, edad en la que los deberes so aún pocos y la tele se le quedaba entre infantil y cursi por la tarde, no le gustaban ya los dibujos, eso ya había pasado a ser cosa de sus hermanitos y él sólo pensaba en andorrear por el barrio.
Alguna vez buscaba a algún vecino y bocadillo en mano iba camino del descampado cerca de casa, iban normalmente muy en secreto y con cuidado de que nadie los viera, ya que lo tenían prohibido.
El descampado, era un poco siniestro ya que estaba bien cobijado por unos altísimos pinos italianos, y 3 cipreses lo cual junto a montones de cascotes de obra daba un poco la imagen de cementerio.
A disfrutaba contando historias de miedo, incluso cuando aparecía algun bicho, pájaro o gato muerto empezaba a colocar piedras, a pintar simbolos a dejar objetos raros que encontraba como pantys rotos, mecheros, llaveros, espejos cerca de su altar, aquel entretenimiento macabro era uno de sus favoritos.
Una tarde A se habia cebado recreando uno de sus rituales en torno a una paloma muerta, decidió ir a buscar a C y a V unas vecinas cercanas algo mas mayores pero muy asustadizas, que normalmente jugaban a la goma en los soportales, él disfrutaba viendo las saltar y jugar, le encantaba pensar que en cualquier momento vería algo de su ropa interior, a veces cuando la luz era mas perpendicular y veia como se reflejaba en el pelo de V la miraba y deseaba mas que nada en el mudo tocarlo, A estaba siempre deseando sentarse en las escaleras y la decía “os cuido los abrigos” hundía las manos en ellos y olia su colonia y su sudor y notaba su corazón latiendo como cuando va a pasar algo malo en una peli pero no pasa.
Ellas no que rian ir al descampado, la verdad que las daba miedo, oscurecería pronto, pero A insistía, las quería enseñar algo muy raro que había encontrado… no sé si decirselo a mis padres… seguro que llaman a la policia….. al final C dijo que sí pero que lo veían y volvian corriendo a casa.
De camino al descampado C dijo que quería volver que seguro que si bajaba su madre y no la veía la iba a castigar, así que A y V iban camino del descampado, A pensaba que se le iba a salir el corazón del pecho.
-A mi no me dá tanto miedo, pero esque la gente habla…y encima C se ha ido…-Dijo V-.
-De qué?
-De que va ser de lo que se hace en el descampao
-De lo que hago yo? Si no lo sabe nadie.
– No tonto de otras cosas…que hacen los mayores…tu te has morreao? le dijo con una risa…
-No que va dije mirando a otro lado.
Al llegar al descampado V le corto el paso delante de un pino se acercó a él acercó su cara a la suya y lo besó…y lo besó
Y ya nunca más le importaron los aquelarres nocturnos, ni el rebuscar objetos entre los cascotes, el meter miedo a las chicas ni volvió a cuidar los abrigos. Trás esos besos secretos, ya el descampado parecía una pradera, llena de luz, con aroma a pino y la música de los pájaros.
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