A los cuatro años me preguntaban que quería ser de mayor y contestaba: – Pintora!, lo decía tan tajante y claro sin atisbo de dudas, desde entonces comencé a dibujar, obviamente me gustaba mas que jugar y aunque fuese sólo por la práctica yo sobresalía, a los 7 años de Reyes Magos de mi abuela y mi tía me regalaron mis primeros óleos y un caballete, me acuerdo que me parecía enorme y ha sido el regalo que mas he recordado durante el resto de mi vida. No todo es un camino de rosas, aún teniendo Claro que la pintura era mi vida, es complicado mantenerse fiel a ella y trabajar duramente para sacar tiempo y dinero para prácticar.

Pocos son los casos que gozan de apoyo por parte de la familia, la mía lo veía mal y una estupidez, jamás me han aconsejado y creo que me hubiesen comprado mas tabaco que pinceles o papeles. Siempre he luchado contra corriente cuando era pequeña era motivo de bronca, y el ambiente entre mis padres era muy tenso así que la verdad era como escapar a otro mundo por la punta de un lápiz. Lo cierto que no me motivaban nada me presentaba a un concurso y si ganaba no le daban mucha importancia eso sí tenía una abuela que me consideraba mejor que Dalí, pero sabemos que en términos objetivos las abuelas no son nada neutrales.

En la adolescencia me hinché a dibujar , pintar y a escribir relato y poesía le dediqué tanto tiempo que me libró de la música eléctronica, de las amistades frívolas y de el fracaso escolar en pocas palabras me salvó la vida. Lo mas normal es que todo el mundo te diga estas loca!! de eso se vive?, Y todo el rosarío de topicazos… pero eso hace crecer, porque de vez en cuándo hay que plantearse esas cuestiones y responderse es un ejercicio de coherencia un pequeño exámen para medir el estado de la verdadera vocación.

Se pasan épocas de saturacion, de vacío incluso de vagueria, porque un oficio tan intenso requiere mucho tiempo y mimo diario, la constancia y la práctica agotan, hasta llegan a aburrir, pero llega un momento que es inevitable volver y reencontrarte allí otra vez trabajando sin darte cuenta te sientes afortunado por encima de el dinero, de los premios, llegas a un estado de plenitud, yo lo explico como cuándo ves a un niño jugando, disfrutando como si sólo existiese su juego y él y el resto del mundo no importa.

Hoy en día es complicado oir a un niño que te diga quiero ser… y ya cuándo llegan al instituto los pocos conatos de vocación se les quitan a golpe de play station, y de “eso no tiene salida”, de notas cribadas y las modas laborales. Es una pena que existan personas que dediquen parte de su vida a empleos que odian o a hacer tareas que les son indiferentes simplemente por no haber escuchado una voz dentro y seguirla, sin escuchar los cantos de sirena que prometen dinero a raudales, a los conformistas que te digan ya te acostumbrarás, a los cafres que sólo saben cortar alas.

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