Reviso las carpetas del ordenador e intento colocar las fotos, separar las fotos buenas de las malas para posteriormente editar algunas, y termino la tarde contenta con el resultado una carpeta llena de estampas de Aranjuez, árboles, imágenes de Tánger, Ashila, Cáceres, Madrid, parecen algunas de postal turística, otras parecen fotos de revista me gustan pero no me conmueven.
No niego obviamente mi visión profesional forzando las composiciones a veces para intentar tener una foto redonda, jugar con las exposiciones para no tener que editarlas es mi gran lucha, en realidad es la única pelea y aliciente que nos queda con una cámara digital, el misterio ha sido robado a la fotografía, ya sabemos como se verá, la lucha de pintar con luz en la película es simplemente una rápida combinación de atajos de teclado, o una tarde con Photoshop.
Desde que las imágenes son retroproyectadas por la pantalla con la impresión de que no tienen alma, espectaculares eso sí, pero al girar la vista veo mentiras y no me saluda la plata tímida de la película y el olor del papel recién revelado.

Apagué el ordenador y fui a la cocina a hacer la cena y de reojo miré el album verde de fotos familiares, ¿que tenía el dichoso albúm para verlo mil veces?, ¿nostalgia de la infancia?, ¿recordar a los que ya no están entre nosotros?, mientras buscaba una patata mediana lo seguía pensando por qué no pasaba ratos enteros mirando en la pantalla del ordenador las fotos digitales tan perfectas, ¿y las fotos de amigos?, no las hago caso, no obstante alguna vez he borrado carpetas enteras de fotografías sin que me temblase el dedo.

Mientras pelaba la patata me acordaba de el rito que era la foto de la cartilla de familia numerosa, con los vestiditos, rebecas y bien peinadas, aquello era un acto casi solemne ir al fotográfo, no se hacía todos los días…. eh ahí el quid de la cuestión: Era un momento especial, normalmente una foto se sacaba en los cumpleaños, celebraciones, nunca para sacar fotos a cualquier cosa, no se perdía la oportunidad de retratarse junto a cualquier monumento, las carpetas de mi ordenador llenas de objetos silentes, parajes vacíos y de piedra bajo un cielo azul sembrado de cumulo nimbos, flores y animales que viviran hasta que el disco duro expire de los que no guardo ningún recuerdo.

En la cena me acordé de cuándo cayó en mis manos el primer teléfono con cámara no había plato al que no le sacase su foto, y todos los amigos posabamos para colgar en facebook nuestros momentos de felicidad, ahora esas fotos las colgamos con pinzas, quitando todo atisbo de embriaguez, intentando salir mas guapos sanos y profesionales. He almacenado imágenes no recuerdos, ni experiencias, son fotos rápidas, fáciles que en un vistazo ya han dado todo de ellas. En lo analógico creo que es dónde resisde el alma de la fotografía. A veces creo que necesito el papel de un libro igual que necesito la foto revelada en papel.

Foto analógica
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