El calor avisaba, Junio se acercaba y Junio era su mes se iban los abrigos, se acortaban las faldas enseñando las aún blancas rodillas, el sol daba un reconfortante calor y el olor a hierva cortada y cloro de las piscinas privadas se mezclaba en su nariz con el de tabaco rubio, cerveza y gominolas que nos repartía como perrillos.

En junio empezaban a oirse sus zapatos de tacón, como un martillo que intentaba clavar nuestra infancia al cuarto de los juguetes, pasaba parte de la primavera cosiendo puntillas en los calcetines, haciéndonos vestidos, atrapando nuestra infancia censurando las películas a su manera.

Si crecíamos ya no seríamos adorables, ni niños y ella por naturaleza sería cada año mayor, no quería envejecer y deseaba parar el tiempo siguiendo las modas y recargando todo para que la mirasen mas, a veces la recuerdo mirando el calendario para los cumpleaños siempre se acordaba de la fecha pero nunca de la edad.

En primavera comenzaba su dieta diabólica de antidepresivos, café, cerveza, y jamón york…. Era el periplo de lo que se avecinaba al llegar los primeros rayos de sol quería estar deslumbrantemente delgada y aquella costumbre enfermiza era motivo de discusiones y problemas en casa lo cuál a ella le motivaba dando un halo de mortificación a cada bocado mientras bebía litros y litros de agua sin moverse del sofá. Era un comportamiento tan límite que aún no me acostumbro a colocarlo bien en mi cabeza

Era todo como el preparativo de un viaje de vacaciones que terminaba en la terraza del bar mas cercano y parecía que no acabar nunca.

En las terrazas intentaba pegar hebra con los camareros, con gente que solo se sentaban para tomar café o leer el periódico, también a veces intentaba llamar la atención e interrumpía alguna conversación de besugos haciendo alarde de su gramática parda, a veces por suerte había alguien que iba con niños pero siempre se iban a casa antes, la conclusión era que en aquellos tiempos aún era muy extraño ver a una mujer sola en un bar bebiendo y fumando, pidiendo un refresco con dos vasos  e intentando que los niños no se manchasen.

A veces tenía amigas, pero su ocio junto a su generosidad eran una mezcla incomprensible para alguien normal que llevase una vida ordenada, y eran incapaces de entender sus quejas, sus problemas y acababan siendo flor de un día.

 

nosotros teníamos que esperar a que alguno se durmiese en un banco, a que discutiese con alguien que la llevara la contraria o simplemente que viese algun resto de carmín anterior en el borde de su copa de cerveza.

Así era su mes cálido y de dias larguisimos, el mes que la fanta de naranja y las patatas fritas eran nuestro sustento, en el que no jugabamos apenas , nos estaba penado mancharnos, y gritar, llamarla mamá. … Aún sigo enterrando ese mes tras unas grandes gafas oscuras, mirando a los niños con pena y dando arcadas cuando veo un plato con aceitunas

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